El monstruo que escapó del
laboratorio
En
la
historia
de
la ciencia existen varios monstruos que salieron fuera
del laboratorio aportando su cuota de destrucción ambiental, la
lista va desde la química del cloro a la gasolina con plomo,
pero ninguno de ellos alcanza el nivel de peligro que representa la energía nuclear.
La
llave
que
les permitió escapar del confinamiento
científico, y los expandió por el mundo con el poder de
la técnica y la industria, fue la ambición. Una
ambición
irracional,
surgida
de la falta de rigor y de medida, y
del desconocimiento de las implicaciones ecológicas y sociales
de la técnica. En
el
caso
de
la energía nuclear la ambición es doblemente
terrorífica, por su origen militar, y por su primera
aplicación a la destrucción de una población civil
indefensa.
Durante
sesenta
años
la
tecnología nuclear civil y militar ha ido
dejando un rastro de sufrimiento, configurando una
de las peores amenazas para el futuro de la especie humana y otras
formas complejas de vida, con su legado de residuos radiactivos de
decenas de miles
de
años
de
actividad, y de enormes arsenales de armas de
destrucción masiva.
Justamente,
cuando
a
inicios
del siglo XXI la rama civil de la industria nuclear
iniciaba un declive inevitable, resultado de los destrozos y los
fracasos económicos que había provocado, los mismos
intereses que habían promovido su expansión fuera de los
laboratorios reaccionaron para evitar que su
fuente
de
beneficios
se extinguiera: un coro de empresarios,
ex-presidentes de gobiernos, banqueros, creadores y repetidores de
opinión, ingenieros nucleares, periodistas y medios de
comunicación, dirigentes sindicales ansiosos de reconocimiento
institucional, acompañados por una parte importante los
políticos
y
presidentes
de los gobiernos, se movilizaron para
repetir mecánicamente un catecismo de ideas simples, evitando
las incómodas cifras que las cuestionaban, combinando medias
verdades y mentiras descaradas.
Usando
el
recurso
al miedo - a la escasez energética, el precio del
petróleo, al cambio climático, etc .-- y la exigencia de
que hay que hacer un "sacrificio razonable", nos invitan a cerrar los
ojos
ante la realidad de la energía nuclear.
Una
serie
de
accidentes
y catástrofes, con Txernòbil como
máximo exponente, y la expansión de la
proliferación nuclear han demostrado la falacia de un futuro
idílico del que se hacía propaganda al inicio de la era
nuclear . Ahora
tratan
de
apelar al egoísmo y maquillar la realidad: ocultar
los accidentes, las averías continuadas, la contaminación
radiactiva, el desastre económico y la amenaza presente y futura
que representan unas viejas centrales pagadas a golpe del presupuesto
público con los dinero
de
toda
la
sociedad, presentando la energía nuclear, como una
opción desagradable pero inevitable, como una necesidad.
Así
silencian
que
la
energía nuclear es muy cara, sólo es
económicamente viable cuando los Estados - en muchos casos por
razones relacionadas con el uso militar del átomo (casos de
Francia, Irán e incluso España, que en la etapa
franquista tuvo
tentaciones
de
ser
una potencia nuclear militar) - garantizan a toda costa la
recuperación de sus inversiones. Lo
que
quieren
es
que se siga garantizando que seremos los ciudadanos y
las ciudadanas que pagaremos sus costes, y los errores de
evaluación.
También
callan
que
la
energía nuclear no puede sustituir los
combustibles fósiles ni en el transporte, ni en la
generación eléctrica a gran escala, y no puede contribuir
al ahorro de emisiones de CO2. Justamente
el
ciclo
nuclear
depende de los combustibles fósiles en la
construcción de los reactores, la explotación del uranio,
su transformación, y su transporte. Cuanto
más
pobre
es
la concentración del uranio en los
minerales, más petróleo requiere su aprovechamiento.
Los
residuos
radiactivos
de
alta actividad, generados en las centrales
nucleares, son productos con un gran potencial radio tóxico
(consideramos el caso de los 400.000 años de vida activa del
plutonio), y para los que no existe solución técnica
satisfactoria en ningún país del mundo. Actualmente
no
existen
contenedores
suficientemente resistentes que puedan
garantizar la seguridad ante el peligro de unos residuos que
emitirán radiactividad durante miles de años.
El
accidente
de
Chernóbil,
con los 200.000 muertos, según la
Academia Rusa de las Ciencias, los 5 millones de personas que
aún viven en zonas altamente contaminadas, a muchas de las
cuales el accidente les ha destrozado la vida, y los 300.000 millones de
dólares
en
que
se evalúa su coste económico,
mostró el potencial destructor de la energía nuclear. Si es
imposible que haya otro Chernóbil ... por
qué
no
se
establece una responsabilidad civil ilimitada a las
empresas propietarias de centrales nucleares?
En
España
existe
un
exceso de potencia eléctrica instalada,
incluso considerando un margen de seguridad aceptable. No
se
necesitan
para
nada unas nucleares que pasan a menudo meses
desconectadas de la red eléctrica por averías o problemas
de seguridad. La
liberalización
del
sistema
eléctrico han provocado el
abandono de la cultura de la seguridad, lo que eleva el número
de
estas averías e incrementa el riesgo de accidente.
El
objetivo
último
de
la campaña pro nuclear es conseguir
que las viejas centrales nucleares funcionen el mayor tiempo posible, y
eso quiere decir que quieren hacer funcionar durante 60 años
unas centrales construidas para durar 25. La
repetición
continuada
de
consignas, como que el futuro
energético estará formado por renovables y nucleares es
tan sólo una llamada a que el negocio no se acabe. Se
silencia
el
hecho
fundamental de que el aprovechamiento de los recursos
renovables, muchos de carácter variable y distribuidos en el
territorio, es incompatible con un sistema eléctrico con
centrales nucleares, con su producción centralizada e imposible
de modular. Las
energías
renovables
y
la energía nuclear son
incompatibles.
La
ofensiva
propagandística
intenta
presentar el problema nuclear
sólo como una cuestión de "percepción", manipular
en beneficio propio cualquier evidencia sobre el inevitable cambio del
modelo energético, y retrasar al máximo el momento en que
las centrales nucleares cierren.
Nuestro
objetivo
es
justamente lo contrario: volver el monstruo al
laboratorio. En
esta
presentación
se
ha evitado presentar cifras y datos
detallados, pero las páginas de Tanquem les Nuclears - 100%
Renovables están llenas de ellos, mostrando todo aquello que la
propaganda nuclear
se esfuerza en ocultar o silenciar. Hay
que
abrir
caminos
para afrontar un futuro energético lleno de
incertidumbres, pero en el que el ahorro, la eficiencia y el
aprovechamiento de las energías renovables son la única
garantía de seguridad.
Para
que
un
futuro
así sea posible es urgente cerrar las nucleares lo
antes posible.
Tanquem
les
Nuclears
- 100% RENOVABLES |